T-MEC: Cómo se ven las cosas desde la perspectiva mexicana.

Agencia GAEAP. 12/05/19.- El T-MEC (como se le conoce a la nueva versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte) puede no ser un acuerdo comercial “hermoso” para México. El reporte de la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC por sus siglas en inglés) está escrito de manera que enfatiza los beneficios para EE.UU., potencialmente con el objetivo de obtener apoyo por parte del congreso de ese país para la ratificación del tratado.

Sin embargo, desde la perspectiva mexicana, creemos que el reporte subvalora los elementos negativos para México, incluidas las ganancias comerciales, los efectos arancelarios y no arancelarios, desbalanceados beneficios de modernización, efectos posiblemente adversos para el mercado laboral mexicano, y flujos migratorios. Anticipamos que el peso pueda ayudar a amortiguar posibles choques a la economía mexicana, aunque prevalece cierta incertidumbre, desde nuestra perspectiva.

T-MEC: Cómo se ven las cosas desde la perspectiva mexicana

Con la publicación del reporte de la USITC sobre el T-MEC el 19 de abril, el proceso de ratificación entró a su última fase. Este reporte técnico es requerido para la puesta en marcha del nuevo acuerdo comercial y sobre todo, los miembros del Congreso de EE.UU. estaban interesados en conocer sus conclusiones antes de considerar someterlo a votación. El proceso ahora puede continuar. A continuación discutimos: a) cómo se ve el reporte desde la perspectiva mexicana, y b) cuáles son los hitos (y riesgos) en el camino para la implementación del T-MEC.

Los acuerdos comerciales no son lo que solían ser

La USITC concluye que el T-MEC es positivo para la economía estadounidense, aunque no como resultado de razones convencionales. En particular, el reporte apoya el punto de vista que hemos hecho público desde hace tiempo acerca de un impacto negativo sobre la competitividad del complejo automotriz regional (ver Mexico Economics View – NAFTA’s backbone: the US-Mexico deal and the auto sector), lo cual es también congruente con el veredicto de un estudio del FMI1. Sin embargo, la prensa ha subrayado varios hallazgos en el reporte que son favorables para la aprobación por parte de los legisladores en EE.UU.:

1. Ganancias en el PIB de EE.UU. de 0.35% vs. el año de referencia (2017) y un incremento en el empleo en 176,000;

2. Exportaciones de EE.UU. a Canadá y México mayores en hasta 5.9% y 6.7%, respectivamente, también vs. el año de referencia; y

3. Aumentos de las importaciones de EE.UU. desde Canadá y México en 4.8% y 3.2%.

Los hallazgos (2) y (3) implican una mejoría en los balances comerciales bilaterales de EE.UU. que, aunque minúsculos (calculamos que sean de alrededor de 1.8 mmd en el caso de México), serían congruentes con el énfasis que ha dado la administración del Presidente Trump a reducir el déficit de la cuenta corriente de EE.UU.

El impacto relativamente neutral del T-MEC que muestra el reporte de la USITC tiene que ver con el enfoque analítico adoptado:

• Dado que los niveles arancelarios en Norteamérica ya son bajos, el estudio pone menos énfasis en los efectos convencionales de la liberalización del comercio. El argumento es válido en nuestra opinión. El T-MEC involucra muy pocos cambios en términos de protección arancelaria y el principal se refiere a reglas de origen (RO) más estrictas, particularmente para el sector automotriz. Al respecto, las simulaciones de la USITC apoyan nuestra expectativa de que habrá efectos de desviación de comercio, ya que el desplazamiento de proveedores extra-regionales permite una ganancia neta de empleos estadounidenses en el sector automotriz (con énfasis en la producción de partes), pero a precios ligeramente mayores y una consiguiente disminución en la demanda. Como el reporte de la USITC no elabora sobre el efecto simulado de estos cambios en el sector automotriz mexicano, creemos que son tipos de impacto equivalentes a un (leve) deterioro en términos de comercio y, como tal, pueden ser manejados a través de ajustes en el tipo de cambio real.

• Por lo tanto, el reporte del USITC pone más énfasis en los efectos no arancelarios. Adicional a las cuestiones tradicionales de facilitación del comercio (armonización de regulaciones, la eliminación de barreras potenciales al comercio y a la inversión), el reporte insiste sobre lo que llama “compromisos que reducen la incertidumbre política”, i.e. aspectos en los cuales cambios inesperados en las reglas del juego en el futuro podrían interrumpir la actividad económica regional en curso. El mejor ejemplo es también uno en donde la USITC ve una ventaja sustancial: el comercio digital, no solo por el beneficio que ofrecería un incremento en la regla de minimis a los minoristas virtuales de EE.UU., sino también por los beneficios para los sectores intensivos en flujos de datos transfronterizos (de radiodifusión, telecomunicaciones, financieros, entre otros).

Esto prácticamente nos suena a elementos asociados a la modernización de la agenda del TLCAN, i.e., cosas que, si bien no eran relevantes al momento de la firma del tratado original, desde entonces se han convertido en temas importantes. Por lo tanto, el T-MEC se puede ver como el resultado combinado de tratar con las “píldoras envenenadas” de EE.UU. y agregar ciertos rasgos de modernización que ese país se perdería por no tomar parte en el TPP.

Sin embargo, es el componente modernizador del T-MEC lo que inclina la balanza a favor de un resultado positivo para Estados Unidos. La USITC es muy consciente de que el efecto de reducir la incertidumbre política constituye un impacto no convencional y por eso el reporte ofrece un rango de resultados bajo diferentes supuestos acerca del peso de estos factores. Las figuras destacadas por los medios se encuentran de hecho bajo el supuesto de un impacto “moderado”. Sin embargo, asumiendo que la reducción en la incertidumbre política tuviera un alto impacto en la economía de EE.UU., daría ganancias al PIB de ese país de 1.21% en lugar de 0.35% y una creación neta de empleos de 588k en lugar de 175k. Si, por otro lado, se asume que estos efectos son inexistentes, el resultado es una pérdida neta de 0.12% en el PIB y 54k menos empleos que en el escenario de referencia.

Cuando se trata de México, ¿dónde está la letra chica?

Los efectos convencionales probablemente son ligeramente negativos para México, pero creemos que un menor tipo de cambio real puede mitigar su impacto. ¿Qué pasa con los efectos no convencionales? Conceptos como el comercio digital y la propiedad intelectual ya están presentes en el TPP, e implican apertura y competencia (por ejemplo, a los minoristas locales); como tales, en el agregado deberían sumar al bienestar general, incluso si hay ganadores y perdedores específicos dentro de México. La inversión es diferente, ya que el TMEC elimina los mecanismos de solución ante disputas Inversionista-Estado entre los EE.UU. y México, excepto en cinco sectores. Como tal, estamos de acuerdo en que las estimaciones de la USITC sugieren que esto podría crear un proceso de desviación de la inversión a favor de EE.UU. a expensas de México. Para evitar este impacto, México tendría que enfocarse robustecer sus propios mecanismos de protección de la inversión. Por último, la armonización de las condiciones laborales también es una característica del TPP, no obstante, a menudo se menciona como el tema pendiente más sensible para la ratificación del T-MEC. Estamos de acuerdo, ya que hay varias peculiaridades en el contexto de América del Norte a considerar.

Temas laborales (y otros riesgos de cola)

De entrada, los temas laborales dentro del T-MEC no deberían ser controversiales y la evaluación de la USITC es positiva. En resumen, el objetivo es asegurar que todas las partes reconozcan y cumplan sus obligaciones como miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Como parte de sus compromisos en el TPP, México había iniciado el proceso para hacer los cambios legislativos necesarios para cumplir con este requisito. En este sentido, la aprobación de la reforma laboral por el Senado de México el pasado 29 de abril, que en los anexos del T-MEC se estipula como necesaria para la entrada en vigor del acuerdo, debe considerarse como parte de un proceso que comenzó en junio de 2016, cuando esa misma instancia legislativa aprobó varias reformas que involucran los litigios en cuestiones laborales. Por lo tanto, las cosas se están moviendo en la dirección deseada. El estudio de la USITC menciona el tipo de beneficios que los demócratas en el Congreso de Estados Unidos encuentran atractivos: un aumento del 17.2% en los salarios del personal sindicalizado Mexicano impulsado por la adopción de la negociación colectiva, que también tendría un impacto positivo (aunque marginal) en los salarios en EE.UU.

En este caso, el diablo está en los detalles de la implementación. La USITC subraya que los resultados mencionados están condicionados a su ejecución. En este sentido, los acuerdos comerciales de EE.UU., durante más de una década, se han basado para garantizar su cumplimiento en un texto estándar en los capítulos laborales , y este es también el caso del T-MEC. Sin embargo, los legisladores de EE.UU. ya no están convencidos de que esto sea suficiente: el 14 de julio de 2017, un panel falló a favor de Guatemala, en una disputa con EE.UU. relativa a la implementación de la legislación laboral por parte de los primeros, en el contexto del CAFTA (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana). Por lo tanto, los representantes de EE.UU. ven al T-MEC como una oportunidad para eliminar vacíos legales y garantizar el pleno cumplimiento de los compromisos laborales (por ejemplo, tener inspectores de los socios, asegurando que se respeten los compromisos laborales).

Además, el posible compromiso en este frente tendrá de contexto una coyuntura política relevante en México. Creemos que las preocupaciones sobre la aplicación de la legislación laboral por parte del Congreso de Estados Unidos se centrarán en indicadores concisos y cuantificables. Los resultados de los ejercicios de la USITC, por ejemplo, suponen que la legislación de negociación colectiva en T-MEC debería reflejarse en un aumento en la tasa de sindicalización en México, y eso es lo que resultaría en que los salarios de los trabajadores sindicalizados subieran 17.2%. Por lo tanto, una tendencia inversa a la presentada en la Gráfica 3 es el tipo de resultado que las organizaciones de trabajo en Estados Unidos y Canadá esperarían ver en México. Para México, esto plantea dos cuestiones importantes:

• La primera es de una naturaleza estrictamente económica y gira en torno a si una mayor tasa de sindicalización podría conducir a una segmentación del mercado laboral y a una tasa de empleo subóptima: este es un tema clave que merece una discusión más formal;

• Un segundo aspecto está en el ámbito de la economía política: ¿el resurgimiento de un movimiento obrero en México recrearía una estructura corporativista dentro de Morena similar a la de la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) con el PRI? Paradójicamente, esta es una razón para esperar el apoyo al acuerdo por parte de las organizaciones de trabajo en Estados Unidos y Canadá, ya que el presidente de la Comisión del Senado encargada del asunto (Napoleón Gómez Urrutia) tiene una relación cercana con sus homólogos en ambos países.

Otros riesgos incluyen:

• Tarifas al acero y aluminio. Hemos señalado que la ratificación del T-MEC tanto en México como en Canadá no avanzará hasta que las tarifas al acero y al aluminio se eliminen (y el T-MEC sea ratificado en los Estados Unidos). Seguimos pensando que, a pesar de alguna oposición, tanto Canadá como México, eventualmente podrían estar de acuerdo en el tránsito a un mecanismo de aranceles a arriba de cuotas con un techo "generoso" a cambio de eliminar estas tarifas. En cualquier caso, esta será una negociación técnica compleja, que requiere un profundo conocimiento de las condiciones de la industria siderúrgica en cada país, así como una buena coordinación con los empresarios locales. En este sentido, nuestra preocupación es que por primera vez desde que México ha estado involucrado en negociaciones comerciales, las responsabilidades están divididas: los aranceles son una prerrogativa de la Secretaría de Economía mientras que la negociación del T-MEC está siendo llevada por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

• Los problemas fronterizos podrían crear riesgos de cola. Tanto en México como en Estados Unidos la política interior implica riesgos, y no puede ser pasada por alto la posibilidad de efectos secundarios sobre la relación bilateral. Por ejemplo, el 4 de abril de 2019, el Presidente Trump dio a México un plazo de un año para detener el tráfico de drogas y ayudarle con la inmigración, o enfrentar tarifas en sus exportaciones de autos a Estados Unidos. Esto parecería improbable dado que el T-MEC tiene una carta lateral para evitar la imposición de tarifas resultado de un argumento de seguridad nacional (Sección 232) sobre autos e importaciones de autopartes de México y Canadá. Sin embargo, como el presidente ha declarado una emergencia nacional en la frontera sur, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por sus siglas en inglés) podría permitir a la administración controlar todas las formas de comercio y así implementar tarifas. En este sentido, un arribo extraordinario de migrantes centroamericanos cruzando México en su intento de ingresar a los EE. UU. podría intensificar las tensiones; como mínimo, está poniendo a prueba los recursos de las aduanas de EE. UU., llevando a retrasos en el procesamiento de los más de mil millones de dólares en carga que cruzan la frontera todos los días.

En resumen, si bien somos cautelosamente optimistas sobre la probabilidad de una aprobación del T-MEC por el Congreso de los Estados Unidos, continuaremos vigilantes de riesgos potenciales derivados de la relación bilateral entre Estados Unidos y México. Los beneficios de un comercio más libre en América del Norte van más allá del ámbito económico, ya que podría argumentarse que la integración económica también ha conducido a una mejor relación bilateral en general. En actuales circunstancias, sin embargo, la posibilidad de una causalidad en el sentido contrario no puede ser descartada: si bien la ratificación del T-MEC de hecho reduciría la incertidumbre, los riesgos de que las cuestiones comerciales se vean afectadas por otros aspectos en la compleja agenda bilateral no serían eliminados por completo.

 

 

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