COLUMNA: ¿Servirá el alza en las tasas de interés?

La semana que recién concluye, el INEGI dio a conocer diversos indicadores que muestran que si bien la recuperación de la economía nacional está en marcha, el proceso no estará libre de dificultades. En cuanto al Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), éste mostró una disminución de 0.2% en términos reales en el cuarto mes del año en curso respecto al mes previo, con cifras desestacionalizadas. Ahora, en relación a las empresas comerciales, durante abril, sus ingresos por suministro de bienes y servicios disminuyeron 0.4%.

 

En este contexto de un camino hacía la recuperación lleno de baches, es que el INEGI dio a conocer el jueves 24 de junio por la mañana que en la primera quincena de junio de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación de 0.34% respecto a la quincena inmediata anterior, por lo que con este resultado la inflación anual se ubicó en 6.02%. Con este resultado, nuestro país acumula 7 quincenas consecutivas en las que la inflación anual se ha ubicado por encima del 4.0% anualizado. Cabe recordar que la meta de inflación del Banco de México es de 3.0% con un margen de variación de más/menos un punto porcentual.

 

Derivado de lo anterior, es que ese mismo jueves 24 de junio, la Junta de Gobierno del Banco de México sorprendió a los mercados al anunciar su decisión de incrementar en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 4.25%. Se sabe que esta decisión fue dividida, y que sólo 3 de los 5 miembros de la Junta estuvieron de acuerdo. Digo que resultó una sorpresa porque se había generado una idea de que aunque la inflación estuviera por encima del límite máximo de 4.0%, el Banxico tardaría en aumentar su tasa de interés hasta finales de año, ya que estaría privilegiando la recuperación de la economía nacional. Esto en un contexto en el que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos planea subir su tasa de interés hasta 2023, no obstante que la inflación anualizada de aquel país en mayo fue de 5.0%, y hay un fenómeno inflacionario a nivel global por el rápido crecimiento de la demanda, los estímulos monetarios y los múltiples cuellos de botella que se deben resolver.

 

En el  caso de México, entre las razones para haber realizado el incremento en la tasa de interés objetivo, destacan: i) presiones inflacionarias externas; ii) presiones de costos o reasignaciones de gasto; iii) persistencia en la inflación subyacente; iv) depreciación cambiaria; y v) que la sequía presione a los precios agropecuarios; aunque también se reconoce que hay elementos que podrían ayudar a que la inflación no sea tan alta, entre los que destacan: i) los efectos de la brecha negativa del producto; ii) mayores medidas de distanciamiento social; y iii) apreciación cambiaria. Es así que ahora el Banxico estima que la inflación general regresará a la meta de 3% hasta el tercer trimestre de 2022.

 

Dado lo anterior, es pertinente preguntarnos si la decisión de haber aumentado la tasa de interés objetivo de 4.00% a 4.25% fue acertada o si el Banxico debió haber esperado un poco más. Para tratar de responder esta pregunta analizaremos a continuación la evolución de los diversos componentes del INPC. Cómo ya se señaló, en la primera quincena de enero de 2021 la inflación anualizada fue de 6.02%, producto de que la inflación subyacente fue de 4.58%, mientras que la no subyacente fue de 10.61%.

 

Dentro de los componentes de la inflación subyacente, vemos que la inflación de mercancías fue de 5.90%, mientras que la de servicios fue de 3.11%. En cuanto a la inflación no subyacente, la inflación de bienes agropecuarios fue de 7.22%, mientras que la de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.36%.

 

Respecto a estos datos quiero destacar varias cosas: 1. Los energéticos y el gobierno han sido los mayores causantes de la inflación a lo largo de este año, ya que los precios de éstos y las tarifas públicas han estado creciendo un promedio de 16.38% anualizado en las últimas 6 quincenas; 2. Los productos agropecuarios han venido acelerando su inflación, ya que ésta pasó de un promedio de 1.32% anualizado en las primeras seis quincenas de este año  a un promedio de 4.95% en las últimas cinco quincenas; 3. La inflación de mercancías no ha tendido mayores cambios, ya que ésta pasó de un promedio anual de 5.58% en las primeras seis quincenas de 2021 a un promedio de 5.72% en las últimas cinco quincenas.

 

Con estos datos resulta claro que buena parte de la inflación está siendo causada por razones que no son de demanda, por lo que el haber subido la tasa de interés no ayudará a controlar la inflación. Esto me recuerda la frase que hace muchos años dijo el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando se le preguntaba porque el banco central no aumentaba la tasa de interés para combatir la inflación causada por el incremento en el precio del huevo: “(el subir la tasa de interés) no hará que las gallinas pongan más huevos”. En otras palabras, en el momento actual, el incrementar las tasas de interés no hará que bajen los precios de las gasolinas, ni del petróleo, ni hará que disminuya el precio del maíz, ni bajará el precio del pollo, no resuelve los cuellos de botella globales que causan una inflación mundial en los precios de muchos insumos y bienes terminados, entre otros.

 

El alza en la tasa de interés, a lo mucho, servirá para que haya una menor demanda de bienes y servicios en México, por lo que algunos bienes nacionales podrían experimentar menores presiones inflacionarias derivadas de que los productores registren bajas ventas. El alza en la tasa de interés podría ayudar en la medida en que sirva para que el precio del dólar baje y de esa manera las importaciones sean un poco más baratas. Como muestra tenemos que una vez que se anunció el alza en la tasa de interés objetivo en México, el dólar bajó unos 20 centavos. Sin embargo, pues esto no puede ser una buena noticia porque si se utiliza la tasa de interés para mantener el tipo de cambio bajo en un contexto de inflación, pues lo único que se logrará es aumentar las importaciones, y quitarle competitividad a las exportaciones, en perjuicio de la planta productiva nacional.

 

Y pues más allá del impacto negativo que tendrá el alza en la tasa de interés en el proceso de recuperación económica, habrá otro impacto negativo en las finanzas de todos aquellos que tienen deudas contratadas con tasa de interés variable o que piensan contratar deuda. Cabe recordar que la deuda del sector público federal fue de 12.329 billones de pesos al 30 de abril de este año y el costo financiero de ésta implica que todos los días el sector público federal paga 1,468.8 millones de pesos diarios por concepto de intereses. Si bien es cierto que parte de esta deuda tiene tasa fija, las renovaciones de deuda serán pactadas con una tasa de interés más elevada. Lo mismo pasará con la deuda del sector privado, sobre todo aquella que está ligada a lo que suceda con la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), y como muestra tenemos que la TIIE a 28 días pasó de 4.2863% el jueves 24 a 4.5200% el viernes 25.

 

A manera de conclusión podemos señalar que aparentemente el alza en la tasa de interés por parte del Banxico tendrá un impacto limitado en la evolución de la inflación y que en todo caso parece que busca más un impacto sicológico en la formación de expectativas de inflación para el mediano plazo. No obstante lo anterior, esto vendrá con un costo en la manera de una menor dinámica económica y de creación de empleos, además de que implicará mayores costos financieros para los gobiernos, empresas y familias. El gran problema es que todo parece indicar que ésta no será el única alza que veremos en los siguientes meses y que es posible que veamos que la tasa de interés objetivo del Banxico llega a niveles de 4.50% o 4.75% al cierre de este año y de 5.0% o 5.25% en junio de 2022.

 

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

 

 

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